Índice
- Lesiones deportivas: lo que dicen los datos y no la percepción
- Entonces… ¿por qué el miedo se enfoca en las artes marciales?
- Kenjutsu: una disciplina diseñada para frenar la violencia
- Disciplina: el primer filtro contra la agresividad
- Templanza: aprender a no reaccionar
- Ética samurái: responsabilidad antes que fuerza
- El bokken como herramienta de educación, no de agresión
- Control emocional y vida cotidiana
- Padres, alumnos y una mirada distinta al riesgo
Como a muchos practicantes de artes marciales —karate, kung fu, taekwondo— o incluso deportes de contacto como box o lucha libre, lo primero que suele encender las alarmas en los padres de familia es la idea de aprender a golpear, aprender a pelear.
Recuerdo que a mi madre, cuando le pedí que me inscribiera a clases de karate y vio que era “para aprender a pelear”, no solo se espantó, sino que me prohibió completamente investigar, leer o acercarme a cualquier cosa relacionada. Según ella, eso fomentaría que creciera y me convirtiera en un delincuente.
Con el tiempo entendí que esa reacción no nacía del rechazo, sino del miedo.
Miedo a la violencia, a las malas influencias, a que el cuerpo aprendiera algo que la mente no pudiera controlar.
Lo cierto es que las artes marciales sí enseñan a golpear, pero de ahí a que realmente logres dar un golpe con control, precisión y consciencia pasan meses e incluso años. Antes del golpe hay postura, equilibrio, respiración, disciplina y autocontrol.
Y es verdad: como padre o madre hay razones legítimas para preocuparse. El riesgo de lesiones existe. Sin embargo, cuando se observan datos reales y comparativos, la conversación cambia por completo.
Lesiones deportivas: lo que dicen los datos y no la percepción
Cuando se habla de artes marciales o deportes de contacto, suele asumirse que son los más peligrosos. Sin embargo, los datos recopilados en los Juegos Olímpicos recientes muestran una realidad más compleja.
En los Juegos Olímpicos de Verano, alrededor del 9 % de los atletas reportaron al menos una lesión durante el evento. En los Juegos Olímpicos de Invierno, esa cifra fue cercana al 10 %. Estos porcentajes incluyen todas las disciplinas, tanto de contacto como sin contacto.
Cuando se analiza por tipo de deporte, aparecen datos reveladores:
- En deportes de contacto, como boxeo, aproximadamente una cuarta parte de los atletas presentó lesiones durante la competencia.
- En karate olímpico, la cifra rondó entre 18 y 20 %.
- Deportes de equipo con contacto moderado, como el handball, también mostraron tasas cercanas al 18 %.
Hasta aquí, podría parecer que el contacto físico es el principal factor de riesgo. Pero al observar los deportes sin contacto directo, la percepción cambia.
Disciplinas como BMX, skateboarding o pruebas acrobáticas presentaron cifras similares o incluso superiores, con porcentajes de lesiones que oscilaron entre 21 y 27 %, a pesar de no existir contacto físico entre competidores. La causa principal no fue la agresión, sino caídas, velocidad, saltos y pérdida de control.
En los Juegos Olímpicos de Invierno, los deportes con mayor número de lesiones no fueron necesariamente los de contacto, sino aquellos con maniobras aéreas y aterrizajes complejos, donde hasta tres de cada diez atletas reportaron lesiones.
Estos datos dejan algo claro:
👉 no es el contacto en sí lo que genera más lesiones, sino el tipo de exigencia, la velocidad, el riesgo y la forma de entrenamiento.
Entonces… ¿por qué el miedo se enfoca en las artes marciales?
La respuesta está en el símbolo.
Golpes, patadas y espadas generan más temor que una bicicleta, unos patines o una pista de atletismo. Sin embargo, el cuerpo no distingue entre una caída mal controlada y un impacto mal gestionado: ambos lesionan.
La diferencia real está en cómo se entrena.
Las artes marciales tradicionales, y en particular el Kenjutsu, se caracterizan por un progreso lento, estructurado y consciente. No se inicia con combate intenso ni con contacto descontrolado. Se inicia con postura, desplazamiento, respiración y atención plena.
Kenjutsu: una disciplina diseñada para frenar la violencia
El Kenjutsu no nació para fomentar la agresión, sino para limitarla.
El samurái entrenaba porque entendía que el conflicto era una posibilidad real, no porque quisiera vivir en conflicto.
En esta disciplina, cada movimiento tiene consecuencias.
Un error no se corrige con fuerza, sino con consciencia.
Antes de empuñar un bokken, el practicante aprende a detenerse, a observar, a medir distancia y a controlar su impulso. Esto contrasta con muchos deportes modernos donde la velocidad y el rendimiento se anteponen al proceso interno.
Disciplina: el primer filtro contra la agresividad
La disciplina en Kenjutsu no es rigidez ciega. Es estructura.
Saludar, cuidar el arma, respetar al compañero y escuchar las correcciones son prácticas que construyen algo fundamental: autocontrol.
Un alumno que no puede controlar su carácter, su frustración o su ego simplemente no avanza. El sistema mismo lo detiene.
Esto convierte al Kenjutsu en una disciplina que reduce conductas agresivas, en lugar de potenciarlas.
Templanza: aprender a no reaccionar
En Kenjutsu, defenderse no significa reaccionar rápido, sino no precipitarse.
La templanza se entrena cuando el cuerpo quiere moverse y la mente aprende a esperar.
Errores, cansancio, correcciones constantes y repetición forman parte del proceso. Cada una de estas situaciones entrena paciencia y manejo emocional, habilidades que rara vez se enseñan de forma explícita en otros deportes.
Ética samurái: responsabilidad antes que fuerza
El código samurái no giraba alrededor de la violencia, sino de la responsabilidad.
Saber usar una espada implicaba saber cuándo no usarla.
Por eso, el Kenjutsu no busca “ganar” ni imponerse. Busca comprensión, criterio y respeto por el otro. El verdadero combate no es externo, sino interno.
El bokken como herramienta de educación, no de agresión
El bokken no es un arma para golpear personas. Es una herramienta para educar el cuerpo y la mente. Su peso y rigidez obligan a moverse con intención y control.
A diferencia de implementos deportivos diseñados para absorber impacto, el bokken exige responsabilidad, lo que reduce conductas impulsivas y promueve movimientos conscientes.
Control emocional y vida cotidiana
Los cambios más profundos en quienes practican Kenjutsu no ocurren en el dojo, sino fuera de él.
Mejor manejo del estrés, mayor concentración y menor impulsividad aparecen con el tiempo, no como efecto mágico, sino como resultado de entrenar la pausa antes de la acción.
Padres, alumnos y una mirada distinta al riesgo
Cuando un padre observa una clase de Kenjutsu, suele sorprenderse. No hay caos, no hay violencia descontrolada. Hay silencio, atención, corrección y respeto.
Los datos deportivos muestran que el riesgo existe en todas las disciplinas, con o sin contacto. La diferencia no está en la espada, sino en la filosofía de entrenamiento.
El Kenjutsu no forma personas agresivas.
Forma personas con criterio, autocontrol y conciencia del impacto de sus decisiones.







